Lo juro. La otra tarde lo tenía todo dispuesto para desactivar mis neuronas durante varias horas. Acababa de terminar de comer y en la Dos habían anunciado uno de esos interesantes documentales sobre la cría del caballito de mar en la gran barrera de coral australiana. La banda sonora perfecta para una siesta, pensé. Me arrellané en el sofá cuan largo soy e, incauto de mí, decidí zapear un poco a la espera de mi ansiada anestesia. Ese fue mi gran error. Justo cuando iba a sumergirme en las azules aguas del Pacífico, la sintonía se interrumpió y un hombre con aspecto de muy pocos amigos, camisa “a la remanguillé” y estudiada barbita de media mañana me soltó sin preámbulos que un terremoto de 7,6 grados de intensidad en la escala de Ritcher había sacudido toda Centroamérica y, de momento (estudiado enarcado de ceja del presentador), el trágico balance era de cincuenta personas muertas en El Salvador.
Mientras míster Última Hora proseguía a toda velocidad con más detalles del desastre, yo contemplé la pantalla esperando que le cayese encima un rayo divino que le dejara achicharrado cual pollo de feria. Pero no sucedió nada terrible. Bueno, sí, siguió tan tranquilo y encima volvió a enarcar una ceja. ¡BALANCE! La palabreja resonó en mi cabezón cual badajo en campana. ¡Allí estaba otra vez! Desafiante y con una sonrisa de oreja a oreja, en este caso de la -b a la -e. ¿Por qué a mí, señoooor?, ¿tan peligroso es acercarse a un diccionario?, ¿acaso son radiactivos? Basta con irse a la B y, aparte de los significados relativos a movimientos e inclinaciones de un cuerpo, se podrá leer:
Balance: 1. Estudio comparativo de los hechos favorables y desfavorables de una situación. 2. Confrontación del activo y el pasivo para averiguar el estado de los negocios o del caudal. 3. Estado demostrativo del resultado de dicha operación.
¡Nada más!, ¿de dónde nos hemos sacado que balance sea sinónimo de resultado?, ¿de la chistera del periodista? Balance es una palabra que procede de balanzar, contrapesar. Es un término que implica dos fuerzas en equilibrio. Como el Lado Oscuro y La Fuerza en la Guerra de Las Galaxias, el yin y el yan o el queso fresco y el membrillo. En el caso de balance, esta palabra implica dar cuenta de una comparativa, un activo y un pasivo; luego, si por un lado tenemos cincuenta muertos en el seismo, ¿cuál es el contrapeso?, ¿los otros cien millones que, al parecer, seguían vivitos y coleando? ¡Chúpate esa! Si queremos evitar este bochorno lingüístico la solución es sencilla, limpia y al alcance de cualquier neurona: usemos otra palabra, hay mil formas de decir lo mismo pero correctamente como el resultado, el número, el total, la cifra...
Y ya que estamos metidos en faena y he mencionado la famosa chistera del periodista, ¿qué se puede decir de esos simpáticos y pizpiretos compañeros que trufan sus discursos de expresiones en latín o, más bien, que ellos creen que son en latín? El otro día me di de bruces con una de las que más y peor regurgitamos: “a grosso modo”. Aquí los comentarios que caben son dos.
- El latinismo correcto es “grosso modo”, sin a, ni equis, ni zeta, ni qué niño muerto. Significa: sin detalles, a grandes rasgos, en líneas generales, aproximadamente (será por falta de equivalencias).
- Este segundo comentario es muy personal. Ya sé que los latinismos nos hacen parecer mega-requetestupendos y más-que-inteligentes, pero creo que es preferible evitarlos (salvo cuando no hay otro remedio como en “hábeas corpus”). Las razones son varias. Muchas veces no sabemos usarlos o lo hacemos incorrectamente como, por poner algunos ejemploides, motu proprio que, además de llevar una segunda -r (como bien me hizo ver un compañero), nunca se le antepone de, como tampoco a la expresión córpore insepulto, mientras que statu quo se escribe así, sin ninguna -s en statu por mucho que el famoso grupo de rock sí la lleve o alma máter , que es una expresión de género femenino (la alma máter). En otras ocasiones, el problema es que no conocemos su significado exacto (“hábeas corpus” es el procedimiento por el que todo detenido que se considera ilegalmente privado de libertad solicita ser llevado ante un juez para que éste decida su ingreso en prisión o su puesta en libertad). Pero, sobre todo, los latinismos, al igual que las palabras en inglés, francés o eslovaco (si es que el eslovaco estuviera de moda), suenan pretenciosos cuando hay una correspondencia (o muchas) en español. Evitémoslos.
El último apunte de este imperdible es una duda que se planteó en la redacción a raíz del anuncio de las autoridades de Estados Unidos de que no aceptarán transfusiones de sangre de personas que hayan residido durante seis meses en el Reino Unido por miedo al mal de las vacas locas. La pregunta fue si transfusión llevaba -n o no. El problema es que no hay un criterio fijo para las palabras que empiezan con el prefijo –trans. Por ejemplo, la Real Academia considera que transfusión y su familia (transfundir) deben escribirse siempre con –n mientras que diversos diccionarios (Diccionario de uso del español actual, Diccionario de español urgente de la Agencia Efe) admiten ambas formas (con -n y sin -n). Por tanto, en caso de duda, lo mejor es consultar el diccionario y luego decidir.
Por cierto, toda la redacción se merece un imperdible de oro-platino con diamantes por el tratamiento que hemos dado a los Premios Goya. En ninguna de las informaciones realizadas en CNN plús se utilizó el terrible nominar y su malvada y pérfida familia (nominado, nominación...), algo que no se repitió en ninguna otra cadena. A ver si aprenden de los que saben. ¡Eaa!
Febrero de 2001 |