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  Nueve : ¿Cueces o enriqueces?
 

Este mes me he sentido como las princesas de los cuentos. Y no me refiero a la típica cabeza hueca que canturrea entre las flores del jardín de palacio aguardando a su príncipe azulado, sino a una de esas doncellas medievales que lleva años encerrada en el torreón más alto de la fortaleza, esperando ser rescatada de las garras de un pérfido villano, en mi caso, el temible Talibán. Pues bien, andaba yo sollozando, como se supone que hacen las princesas afligidas en su torre, cuando avisté en la lejanía a los Caballeros de la Real Academia, con sus brillantes armaduras, blandiendo sus gramáticas y diccionarios. Mi corazón se agitó y solté mis trenzas por el ventanal, porque si te van a rescatar: o haces el numerito completo, o te dedicas al punto de cruz,  ¡Ea! Sin embargo, cuando los guerreros se aproximaron a la fortaleza y se encontraron cara a cara con el malvado Talibán pues... ¡nada! A los muy infames les entró canguis. Y siento mi lenguaje soez y nada principesco pero una no estaba para meapilas después de tantos años de encierro.  Reconozco que a mí también me entró un pánico terrible porque ya me veía enterrada en vida, con mis manuales de pasto, declinando sin cesar: talib, talibín, talibún bún dún...Pero entonces apareció Él, don Lázaro de la Carrreteira y, como mandan los cánones, desbarató de un plumazo mi castigo de acusativos, vocativos y nominativos eternos “Morfológicamente, lo más correcto sería talibán, plural talibanes”. ¡Albricias! ¡por fin era libre! Como los teléfonos  móviles, cual fraulein María-Julie Andrews al inicio de Sonrisas y lágrimas, trotando por las verdes praderas tirolesas...¡Vaaaale! Ya no divago más.  

Es que no puedo evitar el alborozo que me ha causado la presentación del nuevo Diccionario de la Real Academia y, sobre todo, que don Fernando Lázaro Carreter acudiera a rescatarnos de las garras de algún que otro periodista esnob. De haber seguido las cosas así, me veía diciendo que los habitantes de Ucrania se llaman ucranios (EL PAÍS) y no ucranianos; lo del Congo, congoleses (EL PAÍS) y no congoleños; y mejor no sigo, que me pongo malito. Lo mejor de mi estado de euforia permanente es que casi no he prestado atención a los informativos, ni siquiera a los de Tele Cinco, mi especial muñequito de vudú lingüístico. Aunque debo reconocer que su nuevo sistema de presentación me ha dejado perplejo: uno se tira los dos primeros años de su vida profesional de maldito becario y, de repente, se encuentra con que el formato de precario-repelente-niño-prefe-de-la-profe se revitaliza y recupera su vigor de antaño. Mi mega presentadora favorita te lo cuenta todo cual severa maestra de posguerra y, de pronto, se vuelve hacia su becario (que lleva tres horas con la mano levantada en plan seño-yo-me-lo-requete-se) y el pobre nos deleita con interesantes informaciones como las fronteras de la antigua Persia o cómo se comporta el carbunco (en inglés, anthrax).

Pero bueno, análisis de formatos aparte, lo que me he dado cuenta es de que en esa cadena los redactores se han vuelto “como muy comunicativos”. Echando mano de un anuncio de la tele: ellos no cuecen sus guisos sino que los enriquecen con exóticas salsas y aliños. Más que informar, te cuentan las cosas “de tú, bonita”. Que si hay un “batiburrillo” étnico en Afganistán, que si los uzbecos se creen descendientes de “Yenyis Kán”, que si los misiles antiaéreos son unos “juguetitos” de más de 100 millones... incluso, en su paroxismo, llegan a inventarse frases o proverbios: “Y es que, como el dicho: nada en el mundo me es ajeno” o “Peor era el cristianismo, que con su por Dios, por la patria y por el rey, no le ganaba nadie”. ¡Glubs! Estos chicos y chicas no sólo enriquecen el idioma, lo flambean hasta achicharrarlo. 

Lo malo es que hay mucha gente a la que le apasiona ese estilo. Se amparan en que hay que comunicar, que el mensaje debe llegar como sea al telespectador, aunque sea a bofetadas y tratando a la audiencia como si ésta rozara algún tipo de retraso neuronal. Son de los que usan indistinta e indiscriminadamente como sinónimos israelí (de Israel), israelita , judío y hebreo (estos tres últimos sí que pueden serlo y se refieren al pueblo-comunidad, lengua y a su religión); de los que no tienen la ocurrencia de telefonear a la embajada de Pakistán o Afganistán para informarse de cómo se pronuncian las ciudades o nombres propios del país y cada nuevo informativo Jalalabad, por citar un caso, cambia y se muta una y mil veces con lo que no sabes si es otra localidad o que la presentadora sufre de gruyeres pronunciativos. Son también de los que adoran el auto, y no me refiero a los coches, sino a esa extraña manía de redundar y de desconocer cómo funcionan los verbos reflexivos : la acción es recibida por quien la realiza. Según ellos, uno no se descarta, se autodescarta; un integrista no se inmola, se autoinmola. Y cuando te suicidas, ¿qué haces?, ¿te autosuicidas?, ¿y al peinarte?, ¿te autopeinas? Son de los que si usaras la palabra alguacilesa como femenino de alguacil te gritarían que eres un purista o te espetarían la frase favorita del club: “No suena bien”. ¡Recórcholis! Ahora el periodismo es como el mundo de la canción, todo deben ser melodías, rimas y rimel. ¡Canastos! ¿Si suena bien, aunque sea una mamarrachada, no lo es tanto? Como usar el imperfecto para narrar los hechos (que se convierten así en la historia interminable) o utilizar las palabras a su antojo, sin comprobar el significado en ese objeto radiactivo llamado diccionario: “El avión albergó [dar hospedaje/ contener/ guardar una idea o pensamiento] una escena de pánico”, “Las manifestaciones se han saldado [liquidar una cuenta o asunto] con tres muertos”, o, traduciendo a George Bush (y mira que de él me creo muchas cosas) subtitulan “Si tenemos que derribar un avión civil será una lástima”. ¡P’habernos matao!

Sin embargo, los momentos estelares de estos seres los vivimos cada vez que las cadenas realizan una ronda de corresponsales. Son unos minutos breves e intensos pero que nos dejan verdaderas perlitas de orígenes variopintos: desde Peshawar (creo que ese día tocaba shawar) “Una operación terrestre no es, desde luego, para pasado mañana”; desde Bruselas, “A estas horas, los ministros europeos afinan sus armas contra el terrorismo”; desde Bilbao, “Los detenidos tenían hilo directo con la cúpula de ETA” o, y esto es mucho-más-que-peor, desde el Congreso del Español en Valladolid, “Es la reunión de los más y mejores expertos”. Y luego nos burlábamos de la pobre Sofía Mazagatos y su candelabro. ¡Hay que tener morro! 

Noviembre de 2001

 

 

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2001 - 2006 © Óscar Díaz de Liaño