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inicio
 
   
  Cómo nacieron
 

El imperdible surgió en enero de 2001 al darme cuenta de que la televisión se merecía sus propios y personalizados aguijonazos al estilo de los dardos en la palabra de don Fernando Lázaro Carreter (mi principal inspiración). Siguiendo su estela nació a golpe de teclazo ese primer engendro. Lo mejor es que leáis cómo justifiqué ante mis compañeros mi osadía.

  " Estimados compañeros-as:   

Os preguntaréis intrigados qué demonios tenéis en vuestras manos. Ya lo dice su título: un imperdible, uno de esos alfileres doblados con los que prendemos acreditaciones a la camisa, apañamos bajos descosidos o sujetamos chupetes a algún babero manchado de potitos. Son unos objetos cotidianos y útiles que evitan que perdamos algo o nos permiten tenerlo al alcance de la mano. Pues bien, en nuestro caso, este imperdible va a intentar (no sé si lo logrará) prender a nuestras vidas periodísticas algo que parecemos haber dejado bien olvidadito en el baúl de los recuerdos junto con la crema para el acné o la primera entrada de cine: la correcta utilización del idioma

Reconozco que las prisas, los cierres de edición ruedera o los cafés de la máquina que hay junto a los servicios pueden provocar en un periodista lapsus, empecinamientos varios e incluso gastroenteritis. Sin embargo, no son una excusa para que maltratemos nuestro idioma e intentemos convertirlo en nuestro muñeco de vudú personal al cual clavar alfileres, agujas e incluso jabalinas olímpicas. Como periodistas, nuestra forma de comunicar se basa en la palabra y la imagen y, dado que no podemos hacer nada cuando recibimos unas imágenes grabadas con pulso de maquinista del siglo pasado, nuestra principal responsabilidad es con lo que escribimos pero, sobre todo, con CÓMO lo escribimos. Un uso incorrecto del idioma no sólo distorsiona nuestro mensaje o confunde al receptor, sino que también nos hace menos creíbles.  

Por eso, este imperdible intentará alertaros de vez en cuando (eso sería un buen síntoma) de las chapuzas, patadas, bofetones e incluso puñaladas traidoras que asestamos al español cada segundo, minuto, hora y día ( “Está pasando, lo estás viendo” ). Su intención no es abochornar o sonrojar a nadie, aunque a veces algún asesino de la tecla debería ponerse cual tomate frito ante los disparates cometidos. No, el propósito de este folio es muy distinto. Quiere ser un pequeño pero potente faro que brille en nuestros cerebros iluminando las rocas, arrecifes, sirenas y otros elementos marinos que pululan en los mares y océanos de la información. Después, y dado que ni estamos en el colegio ni la corrección lingüística supone un plus en la nómina,  corresponderá a cada uno hacer caso o no de sus señales". 

Nota:

Los imperdibles "murieron" una tarde de octubre después de que hubiese criticado a mi propio canal en uno de ellos. Al director de los informativos no le gustaron demasiado mis comentarios sobre uno de sus brillantes titulares de los ataques terroristas del 11-S en EE.UU. ("América, atacada" era la frasecita). No fue él en persona, sino su subalterno, el "subdire", quien se encargó de dejarme muy clarito-cuasi-cristalino que yo no era quién para marcar ningún tipo de línea en el canal, "ni tan siquiera de estilo". ¡Glubs!... ¡Virgencita, déjame como estoy!

 

 

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2001 - 2006 © Óscar Díaz de Liaño