El uso correcto de los topónimos y gentilicios nos parece, casi siempre, poco importante. La inmediatez de la noticia y los teletipos en inglés nos llevan a fabricar, inventar o transcribir directamente los nombres de localidades, ciudades, regiones, montes, ríos y todo lo que se cruce por delante nuestro.
Sin embargo, esta actitud sólo contribuye a empobrecer la riqueza lingüística que el español ha generado durante siglos al entrar en contacto y relacionarse (a veces de manera amistosa y otras belicosa) con otros pueblos y culturas. La no utilización de los topónimos y gentilicios correctos, de alguna manera y aunque suene exagerado, supone destruir gran parte de nuestra historia además de restar credibilidad al periodista.
Por supuesto, respetamos la opinión de quienes creen que debería llamarse a cada país, ciudad y río tal y como lo hacen sus nativos, pero debemos reconocer que manejarse en los cientos de idiomas oficiales que existen en el planeta podría suponer un verdadero quebradero de cabeza. Además, se darían situaciones ridículas en las que sería imposible saber a qué lugar del mundo nos referimos como por ejemplo si decimos Suomi (nombre oficial de Finlandia), Shqipnija (nombre oficial de Albania), Sverige (Suecia), Chunghwa Jenmin Kungho Kuo (República Popular China), Chôsen (Corea), Misr (nombre oficial en árabe de Egipto), Bharat (nombre oficial en hindi de India), Eesti (Estonia), Hayastan (Armenia) o, agarrarse a una silla, Al Jumhuriyah al Jazairiyah ad Dimuqratiyah ash Shabiyah (es decir: Argelia)...por solo mencionar algunos casos llamativos. |